Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí. En el colegio me va bien, me resulta demasiado fácil. No tengo trabajo suficiente como para que mi mente deje de pensar en chicos o en mis fantasías. Donna y yo hemos tenido varias peleas este año porque, en su opinión, estoy actuando extrañamente con ella, y no soy la amiga que solía ser. Detesto llorar, ¿pero por qué lloro con tanta facilidad últimamente? Sólo intento ser buena, y mantenerme ocupada, sin hablar demasiado ni soñar despierta porque creía que eso molestaba a la gente y hacía que me ocurrieran cosas malas.
Ahora Donna está enfadada porque no le diré lo que realmente siento, ¡porque tengo miedo! No puedo decirle que tengo miedo, porque ella me obligaría a decirle por qué. Jamás podré contárselo. Ni siquiera me he tocado donde sé que me puedo dar tanto placer. Tengo miedo, porque eso tiene que ver con el sexo, y he decidido que no volvería a pensar más en eso... ¡¡¡pero me cuesta mucho!!!
¡Me odio y odio mi vida! Papá ha estado ocupado con el últimamente, con Benjamin y su trabajo
en el Gran Norte, y empiezo a sentirme del mismo modo en que Audrey se siente cuando su padre le
dedica más tiempo y atención a mí que a ella. Ahora pasa todo lo contrario, e intento ser buena y ponerle freno, y cada día me cuesta más dormir, incluso comer. Ya no quiero sentirme más así. Si lo hago, sé que algo sucederá.
Anoche soñé que cavaba un agujero en el patio de atrás para hacer una fuente, porque trataba de ayudarnos con el agua, y creí que una fuente sería algo bonito para la familia. A mamá le encantó la idea y sonrió de oreja a oreja. Pero cuando salió, más tarde en el sueño, me estaba enterrando en el agujero, e intentaba matarme. Mi madre se dio cuenta de que yo le había mentido, y esto le hizo sentir muy mal. Corrió para detenerme, y yo grité que no quería despertarme en plena noche, con muchas hojas encima de mí. Quería convertirme en árbol para poder escuchar los problemas. Y de repente, me quedé enterrada. Pero estaba dentro de algo que no era un agujero de tierra.
Mamá vino a mi habitación justo después para preguntar si yo estaba bien, y le dije que sí. Que había tenido una pesadilla sobre el bosque, nada más. La expresión de su rostro pasó de la tristeza a la esperanza. Entonces, por desgracia, comenzó a hablar de algo que no necesitaba oír en absoluto!
Empezó a hablarme de los pájaros y de las abejas, sobre el control de la natalidad y de los bebés, y de ridiculeces por el estilo, y de todas esas ridiculeces como que mis sueños eran consecuencia de los cambios experimentados por mi cuerpo, y que a lo mejor necesitaba que me solucionasen algunas dudas.
Durante todo el tiempo que habló conmigo, yo estaba pensando en otra cosa.
Tenía que pensar en las flores, en caras sonrientes, en lo que fuera... en camiones enormes cargados de troncos, en pájaros, en Donna Donna Donna... sólo en cosas buenas. No debía escuchar, no
debía escuchar esa voz diciendo todas las cosas que eran como pequeñas llaves de las puertas y habitaciones en las que se supone que no debía entrar. ¿Cómo pudo pasarme eso a mí? Ella no paró de hablar por casi una hora, y casi tuve que estar yo todo el rato conteniéndome... porque quería golpearle, destrozarle esa cara sonriente y servicial y gritarle: «¿Cómo lo haces? ¿Qué le ha pasado a esa parte de mí?».
¿Y quieres saber la parte más me asusta? Lo único que la gente piensa de mí ahora es que estoy pasando por mi adolescencia! Todo el mundo sigue viendo a la sonriente Laura Palmer. La chica con notas estupendas, con el pelo precioso, y los dedos pequeños perfectos que quieren a veces, tarde por las noche, ir al espejo para estrangular a la perturbadora soñadora que veo reflejada allí!
Hoy iré a ver a Donna y hablaré con ella. Le hablaré lo mejor que pueda. Ya no tengo deberes para hacer, y ya he terminado dos proyectos especiales para conseguir más puntos. Estoy en el cuadro de honor, y en el equipo de debates junior. Rezo todo el tiempo, pero nunca me he sentido peor en mi vida. Estoy empezando a pensar que unos pocos momentos buenos, en medio de miles de millas y y siglos de maldades, son mejores que nada. Espero que Donna quiera seguir siendo mi amiga.
Si puedo, te contaré cómo me ha ido con Donna.
Hasta pronto, Laura
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