Son poco más de las diez de la noche en la noche del desastre con Bobby Briggs. Me sorprende decir que llamó no hace más de quince minutos, y... de alguna manera, con un torrente de palabras que sonaban más ensayadas que sinceras, se disculpó por ser demasiado rápido al recitar esos votos de amor eternos, cuando tal vez yo solo le encontrara un chico atractivo. Que tal me gustara alguien que estuviera un poco roto, antes de que todo hablara de todo esto...
Me dijo que lo había dicho en serio, pero que se precipitó al hacerlo tan pronto.
Todo sonó como si lo hubiese sacado palabra por palabra de algún diccionario, y no pude dejar de pensar que estaba muerta. Ahí estaba él disculpándose por algo que yo, estoy
segura que las chicas de todo el mundo, incluso fuera de Twin Peaks, sueñan con oírle decir a
un chico. Él escogió sus palabras con cuidado, y ha tratado de probar que, horas después de su
orgasmo, sigue enamorado. Ot
ro milagro... y yo qué hago?
Me veo obligada a mantenerme en
silencio por teléfono, a reprimir las palabras de amor que surgen de mi corazón, sólo por miedo a que todo esto
sea parte de un plan mayor para conducirme sin frenos, por el carril rápido, directa
a la locura.
Estoy atrapada dentro de una parte de mí que odio. Una parte dura y masculina que ha
salido a la superficie para luchar, después que unos pequeños recuerdos y unas cicatrices surgieron en mí
con una rapidez y una súbita sensación de horror y horripilante a la vez... y lucho por salvar a la Laura que desearía poder volver a ser. La que todo el mundo cree que sigue viva. Yo con un vestido de playa, el pelo al
viento, y una sonrisa grabada en mi rostro por el agudo temor a que un hombre venga a visitarme
de improviso esta noche e intente matarme.
L
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