martes, 16 de mayo de 2017

Estimado diario, (4 de agosto de 1986 3:30 A.M.)

Se me ocurre ahora que he decidido seguirle el juego. Después de repetírmelo durante años, para unirme a la oscuridad, y quizá aferrarme al poquito de luz que me queda dentro, y utilizarla como la fuerza que debió ser siempre.
Ah, la justicia de la vida. Ese momento especial en el que una mano se alza, ya sea visible o verbal, gritando, ¡BASTA, se está muriendo! Esta niña se está muriendo sin un dispositivo de seguridad con la que todos parecen luchar, como si fuera un incordio.
Busqué con cuidado y encontré dentro de mí un espacio que dice que es casi demasiado tarde, que los míos no son los ojos de una niña de quince años, sino los ojos de alguien que ha tenido miedo de mirar a su alrededor y de cuestionar las cosas más simples. Por lo tanto, mi mente, no es la de una chica joven que se imagina la vida como una serie de jerséis cálidos, mientras que pasa la racha de frío.
Me advierte que la mente en la que vivo pertenece a alguien que sabe demasiado de la vida y que sabe que acaba, con frecuencia, sin previo aviso. Sabe cómo nos reparten golpes, nos incitan a soñar cuando en realidad no sirve para nada. Se las arregla para pasar por alto que en este planeta existe un plan urdido para mí. Esta mente lo sabe.
La realidad de que no se puede elegir un día de eventos, o incluso el momento antes de haber abierto los ojos para ver la luz por primera vez, alguien malvado y con gran cautela te elige. Gira una botella y ríete del poder por un simple juego de selección.

Laura













No hay comentarios:

Publicar un comentario