martes, 16 de mayo de 2017

Estimado Diario, (3 de agosto de 1986)

Sólo para mantenerte al corriente, pasé el resto del día en los establos en compañía de Troy. Estar cerca de él me relajó, y cuando regresé a casa tarde por la tarde, me sentía fuerte y renovada por dentro. No se me ocurrió pensar en ningún momento que era mala, ni que estaba mal hacer aquello. Decidí impedir que ese hombre me lastime y se burle de mí. Un hombre del que sólo conozco su nombre de pila. No sé dónde vive, ni de dónde viene. Pero lo haré volver. No hay diversión en un juego de tortura si la víctima clama pidiendo más.

Eso fue hace casi dos semanas... no, quizá fuera hace una semana. Estoy muy concentrada últimamente. Salir con Bobby Briggs es divertido. Está siempre donde quiero que esté, y me trae todo lo que le pido. Ayer mismo decidí que había esperado demasiado para estar conmigo como él quería. Por mi parte, también estaba cansada de las caricias y de los besuqueos y de volver a casa sintiendo que llevaba dentro un corcho que encerraba dentro de mí cuanto deseo dejar salir. Pero tuve que dejarle pensar que yo era la niña de catorce años que parecía ser.

Mamá y papá se marcharon durante toda la tarde, y les dije que yo también saldría y estaría fuera más o menos el mismo tiempo que ellos, pero que esa noche quería echar una mano con la cena, y que regresaría a casa a más tardar a las seis y media. A mamá se le iluminó la cara al oírme. Tengo que mantener contentos a mis padres. He de seguir queriéndolos, tal y como  lo haría su niñita. He de aguantar algo que no he elegido, pero que me ha sido dado. Dos vidas. Dos vidas muy diferentes

La Laura más malvada tuvo una cita con Bobby Briggs en Low Town. Bobby dijo que conocía un granero abandonado donde nadie iba a encontrarnos. Me gustó la idea de tenerlo solo en un lugar donde podía volverme loca con él. Por un rato, estuve nerviosa, pero después, de repente, me di cuenta de que aquel no era el BOB al que yo odiaba, sino el Bobby jovencito que se acercaba sonriente a Laura Palmer y le preguntaba si quería ser suya. Da igual, me portaría tal y como él necesitaba que lo hiciera. Me di cuenta de que él sabía que no me había acostado con nadie... y además, sabía que sería distinto con alguien que tuviese cuidado... sabía que aquello podía hacerme volver a cuando tenía trece años, a la noche en que aprendí a amar las manos de un hombre en un arroyo, a la noche en que lloré porque él se marchó después. No podía permitir que todo eso se me notara. Sabía que debía ser fuerte. BOB podría estar mirándome en ese mismo momento. .. en cualquier momento. No podía enamorarme... al menos no de un modo evidente. 

Bobby estuvo encantador, y noté que estaba nervioso porque tartamudeaba un poco, y la manta que llevó en su bicicleta no se abrió cuando intentó , con diligencia, desplegarla.

Eso le puso más nervioso, porque yo tenía en la mano una botella de vodka, una pequeña para dos, y un porro entre los dedos, y no podía cogerlo como hubiera querido, por lo que tuve que caer de rodillas para no romper la botella.

Él se sintió muy mal, pero no le di importancia para que quedara como un héroe y no como un zopenco. No era ni una cosa ni otra, pero dejé que levantara y me ayudara a recuperar el equilibrio con sus brazos. No podía pensar en otra cosa que no fuera echar un trago y fumar un poco para poder relajarme. 

Todo me sale mejor cuando me siento libre y confiada. Uno de los motivos por los que más disfruto al estar con Bobby es que me consigue hierba cuando quiero... tiene un amigo que le consigue bebidas alcohólicas cuando quiero. Me encanta la sensación que esta especie de devoción me produce. Disfruto la forma en que se mueve, como si sintiera pequeñas olas dentro de él, cuando me acerco, y le digo: «No veo la hora, pero vayamos despacio». Su sonrisa inmediata y su disposición a dejarme que tome la iniciativa prevalecen a todo lo demás.

Al fin y al cabo, para mí era la primera vez que comenzaba una experiencia sexual con interés, y afecto. Un poco de control sobre mí misma. Sabía que él tomaría la delantera en cuanto yo lo dejara. Pero de momento, si debía traerme pequeños regalos el tiempo, quería que creyera que valía la pena... que no había elegido a una mosquita muerta, ya que le prometí que nunca lo sería.

Una hora después. después de pasar un poco de tiempo con sus labios, y de vez de haberle dado de comer o de fumar. o darle vodka de vez en cuando, 
ya estuve lista, y le dije que se tumbara e imaginase lo que quisiera. Le pedí que construyera un sueño dentro de su mente, y dejara que su imaginación me siguiera. Era sólo para él, y los dos lo sabíamos. Se le puso tiesa, me la metí en la boca, y me imaginé la mano de BOB mientras se acariciaba... mientras ponía mi mano sobre él... y luego volví al granero. Fui más despacio, encontré el ritmo que le gustaba, sin dejar de mover la lengua por dentro, y fui subiendo y bajando, escuchando los ruidos que iba haciendo, los jadeos... escuché con delicadeza, me aseguré de mantenerlo donde quería estar. Esta vez no se trataba de empujarlo al placer y apartarlo de él. Se corrió del modo en que sueño que lo hacen los hombres... con brusquedad, después de un largo ascenso interior, sentado erguido, con cara de asombro y admiración... de gratificación. Una sonrisa

 Nos pasamos otra hora más sepultados el uno en el otro, hasta que ocurrió lo que tuvo que ocurrir, y me penetró. Abrí los ojos y vi cómo él cerraba los suyos. Me obligué a recordar que no quería... aquello. Sentir eso sería tan fácil, y sin embargo, no me iba a mostrar débil.

Nos movimos juntos, y me resultó más fácil de soportarlo, más fácil de disfrutar con los ojos cerrados. Podía moverme siguiendo su ritmo, girarme hasta quedar arriba, poner sus manos donde a mí me gusta sentirlas. Es tan bueno conmigo , sin palabras. Quería que supiese lo bien que me sentía, sintiéndolo encerrado dentro de mí, sin ganas de irse, queriendo más y más. Rodamos por el suelo, nos empujamos y  tiramos el uno del otro para acabar separándonos horas más tarde, cuando nos resultó imposible continuar. 

Me sentí realmente satisfecha, como si me hubiera pasado años en un tira y afloja emocional del que me hubieran de pronto liberado. La barra de hierro que imaginaba dentro de mí, manteniéndome tiesa, empezaba a doblarse, a convertirse en carne, a derretirse. La tensión y la ansiedad que sentí durante tanto tiempo cada vez que pensaba en cómo sería cuando alguien me deseara de verdad. No porque quisieran que yo llorase o me muriese lentamente de una tristeza que no podía nombrar. 

Alguien a quien realmente le importara si me gustaba, alguien que quisiera asegurarse de que fuera bonito. Sentí como debía sentirme, como todas las chicas deberían sentirse. .. pero no podía olvidar que había otros mundos en los que pensar. Otros momentos. Crudos despertares en las horas más negras de la noche. Un hombre en mi ventana, sonriendo. .. ofreciéndome un reto al agitar un guante negro. Yo me quedé ahí echada preguntándome si iba a venir pronto, o si mi sola decisión bastaría para que ya dejara de asustarme, para que quedara eliminado. No podía fiarme de sueños como ése. Y de repente, tuve un gran problema. 

No podía fiarme de sueños como ése. Y de repente, tuve un gran problema. Un terrible y triste problema que tuve que enfrentar sin la emoción que tanto quería sentir. De la boca de Bobby salieron despacio pequeñas palabras de amor, que después se convirtieron en confesiones. Y enseguida, promesas de lealtad y felicidad eternas.

Laura, Laura, no puedo dejar que oigas esto. Limítate a ver cómo mueve los labios, no lo escuches, me dij a mi misma una y otra vez. Pero Bobby hablaba en serio. Al fin y al cabo, era el chico que me había admirado durante años, que me había tirado des coletas durante todo el tiempo que las llevé, y cuando dejé de llevarla, se aseguró de cruzarse conmigo en los pasillos de la escuela por lo menos una vez al día, para captar mi atención en clase. Sonríe, como si se tratara de algo inesperado

Sabía que él lo había planeado así. Pero la Laura que correspondía a su amor, la chica que con tanta desesperación había esperado que él se interesase por ella cuando llegara el momento, no puede seguirle el juego. Está muy dentro, descansando. En el fondo, acunada por la otra mitad más valiente. La que encuentra a este Bobby satisfactorio, sí, pero aparte de eso, no muy interesante. No tiene fuerza interior... él no representa ningún reto. Lo mantendré a mi lado, lo guardaré para ella, cuando ella pueda volver sin peligro. Pero estas palabras de amor son demasiado reales, demasiado inocentes. Este chico tan joven es simplemente un mensajero para la Laura que vive aquí ahora. 

Me vi obligada a hacer algo cruel. Algo que quizá le hiciera replantearse toda la idea a Laura. Debía verla como algo que jamás hubiera creído que existiera. Tuve que reírme de él. Con fuerza. Reírme hasta que se le borrara el brillo de los ojos. Tenía que derribarlo, no podía permitir que le resultara tan atractiva para la misma joven Laura que BOB quiere. La que estoy segura que él espera. Para salvarme, tuve que reírme la cara de un chico que quizá, ahora, ya no vuelva a ser sincero conmigo de nuevo.

¡Tuve que hacerlo! ¿Por qué me duele tanto protegerme? ¿Dónde estaba este amor cuando estaba de rodillas pidiéndolo? Maldita sea. Sé que le hice daño... Espero que algún día entienda por qué. Nunca aplastaría a nadie del modo en que yo fui aplastada. Si se hubieran reído así de mí, creo que jamás habría vuelto a levantar cabeza... jamás me habría acercado a alguien para hacerle el más mínimo cumplido, porque el recuerdo de la risa seguiría resonando en mis oídos.

Vuelvo a estar avergonzada y confundida por las cosas que me ocurren. ¿Será un truco de BOB contra mí? ¿Será otra prueba que echó a echar a perder la ocasión de amar al chico correcto, al obligarme a humillarlo, tal como me humillaron a mí y por eso ahora soy fría y amarga por las cicatrices que tengo? ¿O es que me han engañado para estropear un romance que podría haberme protegido al menos durante el día? 

¿Qué quiere de mí la vida? ¿Qué he hecho, y qué voy a hacer ahora? Yo sólo quería acabar con el dolor, no pretendía empezar a provocarlo yo misma.

Estoy pensando... estoy pensando. Todo lo que debía hacerse ha sido hecho. Si esto es obra de BOB, entonces sólo le otorgaré una asombrosa victoria si muestro arrepentimiento... o remordimientos. No me importa. Tengo que creer que  Bobby volverá, con el rabo entre las patas. Si no lo hace, utilizaré el silbato al que responde. Deja que el chico se gane mi atención a parte de la lujuria del granero, aparte de los besos que yo reparto sólo cuando me da la gana, nunca porque sí. Me convertiré en una profesional de la insensibilidad.

Encontraré la forma de hacerlo. No puedo darme por vencida. La mitad de las veces, ni siquiera creo que lo que estoy viviendo sea real. Perdida. Pero una Laura más fuerte y manipuladora levanta la cabeza y se muestra dispuesta a aceptar amenazas y juegos que sólo se juegan en la oscuridad. 

Cuando averigüe quién es, ¡lo desenmascararé ante todos! 

Por una nueva fuerza, Laura







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