martes, 23 de mayo de 2017

Estimado Diario, (3 de octubre de 1985)

He decidido, después de más de doce meses, volver a hablar contigo. He encontrado un lugar dónde esconderte, del que no pienso decirle nada a nadie, por si llegan a encontrarte fuera de él, y a alguien curioso que quisiera averiguar de su paradero.

Sé que tú no tienes la culpa de que alguien te encontrara y decidiera echarte un vistazo, pero he tardado mucho en volver a sentirme segura como para volver a escribir en tus páginas. Desde la última vez han ocurrido muchísimas cosas, y muchas de estas cosas han demostrado que mis pensamientos sobre el mundo siendo en su mayoría un lugar cruel y triste son verdaderos y han sido confirmados como tales.

No me fío de nadie, y rara vez de mí misma. Me paso las mañanas, las tardes y las noches
luchando para discernir lo que está bien y lo que está mal. No entiendo si me están castigando por algo
malo que he hecho, algo que no recuerdo, o si esto le pasa a todo el mundo, y yo soy demasiado
estúpida como para entenderlo.

En primer lugar, me enteré de que papá no me regaló a Troy. Fue Benjamin Horne quién lo hizo. Los detalles no importan, pero digamos que escuché a Audrey discutiendo con su papá al respecto, cuando estaba en el Gran Norte visitando a Johnny. Johnny es el hermano de Audrey, el otro hijo de Benjamin. Johnny es retrasado. Él es mayor que yo, pero tiene la mentalidad de un niño pequeño. Eso es al menos lo que los doctores dicen.

A veces creo que simplemente ha decidido no hablar porque a veces es mucho más interesante escuchar a la gente que hablar con ellos. Nunca habla más que para decir «sí» o «indio». Le encantan los indios.Lleva todo el día un tocado en la cabeza. Uno hecho de plumas maravillosamente coloreadas y con tiras de cuero teñido. A sus ojos el mundo es una mezcla extraña de felicidad y dolor, y creo que comprendo a Johnny mucho mejor que a otras personas. Tal vez podría encontrar una manera de pasar más tiempo con él. Casi siempre lo dejan solo.

Me alegro de que Troy sea mi caballo, y me encanta cabalgar con él, caminar con él, o simplemente verle pastar. Pero ahora me siento incómoda con papá. Ya no es una persona fiable por haberme dicho que Troy era un regalo suyo. Tal vez Benjamin lo quiera así, no lo sé. Sea como fuere, ahora me siento de alguna manera más intrigada por Benjamin, y siento que le debo más a él que papá. A veces pienso que preferiría no haber conseguido un pony, porque de esa manera no le habría perdido el respeto a papá, y Benjamin habría seguido siendo Benjamin. Y aún peor, Audrey y yo probablemente nunca nos llevaremos bien. Me siento un poco mal por ser yo la causante de todo esto. Pero al mismo tiempo, esto me da una sensación de poder. ¿Por qué me suceden estas cosas?

¿Sabes? Creo que de todos los hombres que conozco, el doctor Hayward es el que más
cariñoso se ha mostrado conmigo. Es generoso, desinteresado, amable, y siempre me mira con una sonrisa gentil de inspiración o de perdón ...   o cualquier cosa que llene el vacío que no sé, de un modo que llena el vacío que siento por dentro. 

Hace trece años, me trajo al mundo y abrazó con fuerza mi cuerpecito durante un momento. Cuando sueño despierta, me imagino ese momento como el más cálido de toda mi vida. Me encanta que me abrace así, una pobre criatura asustada que respiraba  el fresco aire y veía la luz por primera vez, y por hacerme creer sin palabras que me abrazaría de  nuevo si alguna vez llegaba a necesitarlo.

Me recuerda a una persona que no me importaría ver cada día de mi vida. La dulzura de un
abuelo, y la mano amiga de un padre.

 Regresaré después de la cena. Hay muchas más noticias.

Con amor, Laura


No hay comentarios:

Publicar un comentario