Es muy tarde por la noche y no puedo dormir. He tenido una pesadilla tras otra y al final he decidido que no voy a dormir más. Supongo que mañana, cuando Maddy llegue, estará cansada del viaje y querrá dormir la siesta, así que yo también voy a aprovechar para recuperarme. A lo mejor duermo cuando es de día, así mis sueños no serán tan negros.
Tuve una simplemente horrenda. Me desperté llorando, y temí que si mamá me oía viniera a verme, porque ahora mismo quiero estar sola y ella no lo entendería. Cuando no puedo
dormir o cuando tengo pesadillas como esta noche, siempre viene y me canta «Waltzing Matilda». No es que no quiera que ella me cante, pero es que aparecía un extraño que en mi sueño cantaba esa misma canción con la voz de mamá, y me asustó tanto que apenas podía moverme.
En el sueño yo caminaba por el bosque, cerca de Pearl Lakes, y soplaba un viento muy fuerte, pero sólo a mi alrededor. El viento estaba caliente. Y a unos veinte pies de donde yo estaba apareció este hombre extraño de pelo largo y unas manos enormes y callosas. Eran muy ásperas y las tendía hacia mí mientras cantaba. La barba no le volaba al viento, porque el viento sólo soplaba alrededor de mi cuerpo. Tenía las puntas de los dedos negros como el carbón, y los movía en círculos a medida que sus manos se iban acercando a mí. Yo caminaba hacia él, aunque no quería hacerlo porque el hombre me asustaba mucho.
El dijo: «Tengo a tu gato». Y Júpiter salió corriendo detrás de él y se metió en el bosque como
si fuese una pequeña mancha blanca sobre una hoja de papel negro. El hombre seguía cantando y yo trataba de decirle que quería irme a casa y que quería que Júpiter se fuera conmigo, pero no podía hablar.
Luego, levantó las manos en el aire, muy, muy alto, como si estuviera creciendo más grande y más alto cada minuto que pasaba, y cuando sus manos se levantaron, sentí que el viento en torno a mí dejó de soplar, y todo se quedó en silencio. Yo pensaba que me estaba dejando ir porque podía leer mi mente, al menos yo lo sentía de esa manera. Y por eso cuando paró el viento con las manos así, pensé que me estaba dejando libre, dejando que me vaya a casa.
En ese momento, tuve que bajar la vista porque sentí calor entre las piernas. No era un calor agradable, sino que me quemaba. Me quemaba tanto que tuve que abrirme de piernas para que se me enfriasen. Para que no me quemaran tanto. Y entonces se me empezaron a separar las piernas por sí solas, como si se me fueran a salir de mi cuerpo, y pensé, me voy a morir así, y no sé cómo nadie va a darse cuenta de que traté de mantener las piernas cerradas, pero no pude porque me quemaban. Y entonces, el hombre me miró y sonrió con una sonrisa asquerosa, y se puso a cantar con la voz de mamá: «Vendrás al vals de Matilda, conmigo...». Intenté hablar otra vez, pero no pude, y traté de moverme, pero tampoco pude, y entonces me dijo: «.Laura, estás en casa». Y me desperté.
Algunas veces, cuando sueño, me siento atrapada en mi sueño y tengo mucho miedo. Pero ahora, cuando leo lo que acabo de escribir, no me parece tan aterrador. Si a partir de ahora escribo todos mis sueños, a lo mejor ya no me darán tanto miedo.
Una noche, el año pasado, tuve una pesadilla tan horrible que al día siguiente, en el colegio, no pude trabajar. Donna creyó que me estaba volviendo loca porque, cuando estábamos en clase, cada vez que me llamaba o me ponía la mano en el hombro para pasarme una nota, yo pegaba un bote. No me estaba volviendo majara, como Nadine Hurley, claro que no, pero sentía como si todavía me encontrara dentro de un sueño. Del sueño no me acuerdo muy bien; de lo único que me acuerdo es que en el sueño yo estaba metida en un verdadero lío porque no había pasado un examen de lo más raro, en el que tenía que ayudar a un cierto número de personas a cruzar un río en barca, y no podía hacerlo, porque lo que yo quería era nadar o algo por el estilo, y entonces esas personas enviaban a alguien a por mí, para que me tocaran de malas maneras. Y no me acuerdo de nada más, supongo que no es una pérdida.
Estoy tan cansado de esperar para crecer. Algún día me ocurrirá que seré la única persona que pueda hacerme sentir bien o mal por todo lo que hago.
Mañana seguiré contando cosas. Ahora estoy bastante cansada.
Laura
No hay comentarios:
Publicar un comentario