martes, 23 de mayo de 2017

Estimado Diario,(12 de octubre de 1985)

La otra noche probé un porro de marihuana. Donna y yo dormimos en su casa; sus padres habían salido con los míos al Gran Norte, a una fiesta que daba Benjamin. Donna y yo realmente queríamos ir,sobre todo yo, por Audrey. Convencí a Donna de que fuéramos en bici hasta el Book House a conocer gente nueva. Tardé un siglo en convencerla de que no se lo contaría a nadie, y de que volveríamos antes que nuestros padres. Al final dijo que sí, porque las dos hemos estado terriblemente aburridas viendo siempre las mismas caras todo el tiempo.


Llevábamos apenas media hora cuando esos chicos, Josh y Tim, y otro más que no recuerdo cómo se llamaba, se nos acercaron. Yo me estaba fumando un cigarrillo que robé un día en  la recepción del Gran Norte cuando le llevé a Johnny un libro de cuentos de hadas indios. Pensaron que éramos mayores porque una de nosotras fumaba.Entonces se nos acercaron Josh y Tim y el otro chico. Nos dijeron que eran de Canadá, y no había duda de ello porque se pasaban to el rato diciendo «eh». «¿Quieres un cigarrillo mejor, eh?» A Tim le gustó Donna de inmediato, lo que  ella, le asustó un poco porque los tres aparentaban por los menos veinte años. Ninguno de ellos me hizo estremecer. Todos parecían buenos tíos. Me sentí bastante cómoda, pero no entusiasmada... ¿Sabes a lo que me refiero?



 En fin, mejor les dije que me gustaría probar un cigarrillo mejor, y Donna y les seguimos a la parte trasera del Book Housepara hacerlo. Donna se inventó una historia muy elaborada sobre por qué estábamos aquí en Twin Peaks por la noche, y que teníamos que volver al autobús en menos de una hora. Dijo formábamos parte de una excursión llamada «Un paseo por los bosques». Supongo que se lo creyeron, porque se dieron prisa y encendieron eso. Josh dijo que quizá la primera vez no sintiéramos nada, pero Donna y yo le demostramos  que estaba equivocado. Nos dijo «teneís que aguantar, ¿eh?». Y aguantamos el humo... ¡Seis veces! Querido diario, fue algo increíble.

Qué sensación más relajada y cálida y... sexy.




Yo llamaba a Donna «Trisha» y ella me llamaba a mí «Bernice» (Por si acaso alguna vez regresaban y preguntaban por nosotras... por lo que fuese, no queríamos que nadie se enterase.) Así que nos reímos como locas, no recuerdo haberme reído tanto en mi vida. Cada cosa que veía me hacía volver medio histérica. Todo estaba medio borroso y ondulante, como si estuviera mirando el mundo a través del fondo de un vaso de agua vacío. Soplaba un cálido viento de verano y los árboles olían muy bien.


Tim nos trajo una taza de café con chocolate, y los cinco nos sentamos a hablar de todo tipo de cosas,
como si tal vez nuestro universo fuera sólo una  pequeñísima mota de pelusa que un enorme gigante no había notado en su suéter, y que quizá, algún día, ese gigante podía eliminarnos de un manotazo, o meternos en una lavadora y ahogarnos a todos hasta matarnos. Donna dijo que tal vez lo que para nosotros son cientos de años, para este gigante sería un segundo, y que pronto tendría que ocurrir algo, porque, ¿cuánto tiempo puede una persona llevar el mismo jersey?

A todos nos gustó la idea de que podría haber otros pequeños universos o "pelotas de pelusa" en este suéter, y pensamos que algún día nos gustaría conocer a algunas personas de estos otros lugares, siempre y cuando fueran amables con nosotros. Oímos la música que venía del Road House y yo no pude resistir el impulso de levantarme y bailar. Me sentí tan bien, como no me he sentido en mucho tiempo. Era como si flotara en la noche y estuviera caliente por dentro.

Donna incluso bailó conmigo durante unos minutos hasta que se dio cuenta de que teníamos que ir a volver a. . . NUESTRO TOUR BUS! Tuvimos que mentir y decirles que habíamos alquilado las bicicletas en la oficina de objetos perdidos del sheriff, pero no creo que los chicos no se tragaron esa historia en absoluto. Si sospecharon algo, tuvieron la delicadeza de no hacernos ningún comentario al
respecto. Tal vez también añadió entusiasmo a su noche. Pero a lo mejor no, porque son mayores y probablemente hayan tenido noches mucho más emocionantes que ésa.

Cuando estábamos volviendo a casa, tuvimos que parar un montón de veces porque nos reíamos como locas. Después, tuve un deseo incontenible de tomar leche con galletas, sentí que memoriría si no tomaba leche con galletas, y Donna estuvo completamente de acuerdo en queteníamos que comer algo dulce. Dijo que en su casa tenían tarta, pero eso no le parecía lo correcto. Así que vaciamos nuestros bolsillos y nos fuimos a la tienda a gastar nuestro dinero para comprar golosinas. Compramos tantas porquerías que tuvimos que volver andando con las bicis hasta la casa de Donna, porque llevábamos una bolsa cada una. Durante el trayecto de vuelta estábamos medio paranoicas, tal como nos dijeron los chicos que nos ocurriría; teníamos los ojos inyectados en sangre y queríamos llegar a casa antes de que lo hicieran nuestros padres.

Tuvimos mucha suerte porque justo cuando entramos en la casa, llamó el doctor Hayward para avisar de que iban a quedarse un rato más porque Benjamín iba a mostrar unas diapositivas o algo así.
¡Gracias a Dios! Subimos las escaleras corriendo para ponernos gotas en los ojos, y después
encendimos el estéreo, y comimos, bailamos y nos reímos mucho, y estábamos totalmente dormidas cuando  regresaron.

Sé que las drogas son malas, pero estoy empezando a tener la sensación de que me gusta ser así. Un poco mala.


Seguiré mañana, Laura


No hay comentarios:

Publicar un comentario