No sabes cuánto me perturba saber que no represento una amenaza para él.
Se siente muy seguro con la idea de que siempre podrá entrar en mi casa y salir tranquilamente y sin hacer ruido. En la oscuridad, sabe que podrá agarrarme con fuerza suficiente de la muñeca como para hacerme callar, y llevarme, como una niña arrastra a un muñeco, hasta un lugar donde él sabe que nadie me encontrará.
Lo sabe porque el lugar está a kilómetros de
cualquier fuente de luz que no sea la que a veces, tan claramente grabado en la memoria, emana
de sus labios y sus ojos, la misma luz que me han quitado de dentro. La chica que, desde que tiene
uso de razón, se esforzó por tolerar, por mantener en secreto al hombre que desea robar su
inocencia, que no le permite madurar, que no le permite las alegrías de la madurez. El momento
con el que esta niña pequeña ha soñado desde que aprendió a saltar, a correr y a sonreír incluso ante la más
leve brisa, ante las cosquillas que le producía. Generosamente, dio más y más de sí
misma, vaciando la delicada cesta del alma que llevaba dentro.
Espero obligarlo pronto a que acuda a mi ventana. Me temo que está esperando a que me cansen de estas sesiones de escritura nocturnas interminables
Estos momentos en los que entro
y salgo de esa parte de mí que planea esta vez abrir la ventana y tenderle la mano sin
protestar. Esa parte de mí que duda de que todo esto exista de verdad, y que por lo tanto, tras esa
ventana no hay nada que temer, y por eso estoy dispuesta a aventurarme hasta el lugar de
siempre, sin luchar. Yo que juro que un ruido o que un golpe fuerte en la nuca no provocará siquiera el
más mínimo cambio en las pisadas. Esa parte de mí que ha ensayado sus gritos pidiendo más y más
incisiones, más inserciones, más insultos y amenazas, y que ha planeado continuar con ellas hasta
que el apetito de él, antes insaciable, disminuya. El animal paralizado delante del cañón de su escopeta,
suplicando llenar ese hueco en su pared.
Quítate la emoción. Programate. Habrá dolor, pero no será peor que otras veces. Aférrate a la
imagen de tu hogar y de la cama y del olor cálido de él mientras te lavas, y te lavas, y te lavas. Tu hogar te espera como siempre.
Juega con él como él juega contigo. Acepta que comiste mal, comida basura y barata, y que deberían arrojarte
a los lobos como pedazos de carne, y que nunca deberás tener hijos porque, quién sabe las caras tras
las cuales unidos desde el nacimiento hasta la muerte... Acuérdate de olvidarte de todo. Deja una abertura lo bastante grande por dentro como para recibir el peso de su cuerpo con odio y con
métodos de reducción que sólo se aplican a las partes emocionales de una misma, las más vitales e
irremplazables de todas.
Cree que a él lo único que le intriga es el temor que provoca, la falta de interés en la vida que
demuestras cuando él te devuelve a tu casa. Cómo finge tocar el timbre, se burla de ti, de tu vida, de
tus esperanzas, de tus inseguridades más íntimas, como te observa mientras luchas con la sensación de
que ni siquiera eres digna de entrar en la casa en la que diste los primeros pasos, siente cómo te
observa contener las lágrimas... búscalo y se habrá ido.
Como si de una religión se tratara, he invocado la inspiración, desde hace días que lloriqueo, y lo provoco, y casi quiero que llegue, y él no ha venido. Tengo una jaqueca increíble de tanto
esforzarme por pensar en sus debilidades, cuando en realidad, no tengo ni siquiera idea de cuáles son.
Quizá esté completamente equivocada en cuánto a lo de su lujuria sólo por el temor de su propia víctima... debo
decir con toda sinceridad, que estoy cansada de tratar de esclarecer la situación y creo que si no duermo
pronto, comenzaré a ver a BOB por todas partes. No es preciso decir que, en estos
momentos, esto no sería nada bueno.
Me siento sola aquí, y me sorprendo pensando en Bobby; sé que me abrazaría fuerte, como solo él sabe hacerlo. No puedo imaginarme a nadie más haciéndomelo.
Ten cuidado, Laura
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