miércoles, 17 de mayo de 2017

Estimado Diario, (25 de julio de 1986)

Traté con todas mis fuerzas de no tener miedo. 
He estado saliendo con un chico del que ya te hablé. No me  gustaba entonces, pero ahora creo que es está hecho para mí. Me recuerda mucho al chico de la foto del Book House. Se viste igual, pero no tiene motocicleta. Ahora tengo catorce años. No permití que nadie celebrase mi cumpleaños. Le obligué a mamá que me prometiera que no organizaría nada. Le dije cuando estábamos sentadas en la mesa de la cocina el día anterior que tenía muchas cosas en que pensar sobre mi vida. Sólo quería pasar el día de mi cumpleaños sola. Sólo quería andar sola, y quizá llevar a Troy de paseo: 

Quería asegurarme que ella sabía que no quería dañar sus sentimientos, pero que sólo quería pasar algún tiempo sola- 


Ella se preocupó durante un tiempo y me preguntó por qué quería pasar el día siguiente sola. 

Me estuvo dando la lata un buen rato y no paraba de preguntarme por qué quería pasar sola el día siguiente. Al final tuve que decirle que estaba confundida y que la noche de mi cumpleaños quería volver a casa con todo resuelto. Le prometí que no iría lejos. Pero quería irme. Le prometí que el año que siguiente, y que al otro, cuando cumpla dieciséis, organizaré algún tipo de fiesta.

Así que pasé mi cumpleaños sola. Me fui adonde voy con BOB. Estaba deprimida, y todo parecía un sueño terrible, hasta que vi un pedazo de cuerda que yacía en la parte posterior de la base de su árbol preferido. Me entró un escalofrío, pero no le hice caso. Me fijé bien en el árbol para encontrar algo que explicara por qué él había elegido ese lugar, ese árbol. No había nada. Me aseguré de estar sola antes de hacer lo que tenía planeado.

Miré muy cuidadosamente a mi alrededor, y cuando supe que estaba sola, saqué un porro que llevaba en el bolsillo. Le pedí a Bobby que me trajese uno. Quiso compartirlo pero le dije que no podía. Que a lo mejor más tarde nos liaríamos otro. Me lo fumé despacio y empecé a pensar en sexo.  Sobre los hombres, todo tipo de ellos, dentro de mí.

Intenté pensar en cosas que le gustarían a BOB. Me saqué un par de mis bragas que llevaba en el bolsillo y las restregué en el árbol. Yo las había llevado antes venir aqui, así que sabía que mi olor sería fuerte... ya no tengo miedo de oler mal. Se que no es así. Creo que huelo como debe oler una chica. 

Cuando me pongo  mis bragas en la nariz y las huelo, me imagino que tengo delante mío a una chica, y cómo un hombre desearía tocarla. Lo veo acercarse a ella. BOB lo llama coño. ¡Quiero tocarte, me oyes, BOB! Cuando la huelo, no tengo miedo, me dije. Lo dije muchas veces en voz alta mientras estaba ahí, fumando y pensando en todas las formas en que podía tocar a Bobby... Y en las cosas que me gustaría hacerle hacer. Me imaginé toda clase de pensamientos que pudieran hacer venir a BOB. Creo que estaba ahí, pero que se estaba escondiendo. 

Me quedé super flipada; sola  y me dejé caer hasta el suelo, deslizándome sobre las hojas y las agujas de pino que había en el suelo, y miré hacia arriba, hacia el gran árbol. Quería que el árbol me observara, que memorizara la cara de la nueva niña que iba ahí a acostarse. La anterior se ha marchado. Tenía que irse. A veces sólo uso su voz; es mucho más fácil conseguir lo que quiero cuando lo pido de un modo dulce, como si fuera una niña pequeña. Me quité la ropa y empecé a tocar me los pechos, a lamerme los dedos y después a restregarme los pezones con la humedad. Moví la lengua en círculos igual que hacen los chicos. Hice ruidos cuando sentía placer. Grité cuando me los pellizqué con fuerza haciéndolos enrojecer. 

El viento empezó a soplar, y sentí cómo me acariciaba el pecho desnudo, y recuerdo que dije: «Ohh, quienquiera que sea, me gusta esto... Sí... me gusta mucho...». Sentí que humedecía las bragas... Así que, me desnudé del todo y hablé con BOB en voz alta, mientras me iba tocando el botón secreto. Y le dije: «BOB... Bobby... Laura tiene un dulce muffin para ti... Bonito y limpio y... mmmmmm... apuesto a que sabe bien... Sal, BOB... ven a jugar...». El viento se levantó, pero nunca vi a BOB. 

Me corrí como nunca antes. Mi cuerpo no podía parar, y tuve que agarrarme al árbol, arrancarle un trozo de corteza, volver a agarrarme, hundir en él las uñas... y después se me fue pasando. Yo estaba tan caliente por la marihuana y mi pequeño espectáculo para los bosques que estuve a punto de quedarme dormida ahí mismo,  tumbada desnuda. Pero no podía hacer eso. Esa vez había ganado. El no había aparecido. La noche o el día no cuentan. Le demostré que no tenía miedo. Me toqué bajo su árbol. Lo llamé y lo dejé en ridículo. Voy a superar esta prueba... ya lo verás. Si BOB quiere jugar a lo bestia, lo único que necesito es un poco de tiempo. Puedo ser la chica mala que él quiere. 

Cuando salí del bosque, un búho que bajó en picado de la nada estuvo a punto de matarme. Sentí la fuerza de sus alas cuando me pasó cerca. Pensé en la Señora del Leño. En algo que me había dicho: «Las cosas no son lo que parecen.» 

Esta frase solía darme miedo. Este lugar, la sola idea de tocarme, de acariciarme, me daban miedo. Pero ya no. No, este lugar que he visitado no es lo que parece. Ahora me doy cuenta de que es un lugar oscuro, pero me encanta. Le doy la bienvenida. No lucharé contra él, ni siquiera si se me mete dentro y me corta. He encontrado la luz y el placer dentro de este horror. No he terminado con mi plan. 

Volveré, BOB. Volveré para abrirme y cerrarme alrededor tuyo como jamás hubieras imaginado. Volveré. 

Laura

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